miércoles, 4 de julio de 2007

La Cultura como estrategia o como medio de legitimización.











* Publicada en Identidad, El Mexicano

Vianka R. Santana
derechocultural@yahoo.com.mx


Justo en los primeros días de la semana y en ése compás de espera por la resolución del Tribunal Federal Electoral con respecto al caso Hank - Aztiazarán, parece que finalmente las voces de algunos sectores de la comunidad cultural, empezaron a escucharse.

Sin asombro pudimos leer este pasado lunes una carta (de un cuarto de plana) publicada en el periódico Frontera, donde 15 artistas y promotores culturales hicieran un efusivo llamado a la opinión pública y las autoridades federales, por haber sido violentados en su derecho a ejercer su voto el próximo 5 de agosto, toda vez que se quedaron sin sus candidatos a Alcalde y Gobernador.

Pero independientemente de la obvia inclinación priísta de los que suscriben – ya que como ciudadanos cada quien es libre de hacer la elección política que mejor le convenga-, lo que llama la atención es justamente el perfil de estas 15 personas, en su mayoría representantes acreditados ante el COPLADEM y en algunos casos incluso Consejeros Ciudadanos ante la Junta de Gobierno del IMAC. Y tal vez no sería de llamar la atención si se tratara de artistas y promotores caracterizados por preocuparse por que al IMAC no se le recorte el presupuesto por ejemplo, o que en su momento no hubieran votado a favor de aquella iniciativa de instalar en el nuevo Palacio de la Cultura las oficinas del Registro Civil, o si se tratara de creadores sin una estrecha relación (casi laboral) con el propio Instituto Municipal de Arte y Cultura. Porque bajo es óptica, pareciera que se trata de una inserción pagada por el propio Ayuntamiento o el IMAC, en un intento de ofrecer un “aval” legitimador a quienes en su momento no cumplieron ni concluyeron con el encargo institucional que les fue conferido.

Porque no hay que olvidar que aunque parecía que ya no habría forma de golpear más a la cultura –como sucedió en el trienio de González Reyes-, la administración de la marea roja resultó confundir el desarrollo cultural con las cabalgatas de reyes y la charrería. En este periodo –al que si bien debe reconocerse los avances en la restauración del Palacio de la Cultura- hay que recordar los intentos por desaparecer el IMAC, por la imposición de funcionarios, la considerable reducción del presupuesto a la cultura e incluso al Instituto de la Mujer ( a pesar de ser el ‘animal favorito” ), y desde luego las concesiones evidentes a los empresarios que ahora negocian con los puentes y hasta con el sistema de multas en las vías rápidas.

Es por eso que resulta tan extraño que algunos artistas se duelan de tan sensible pérdida, tratándose sobre todo de un personaje que no se ha caracterizado por su sensibilidad cultural, por su sentido del respeto a la ley o las instituciones y sobre todo, que ha sistemáticamente llevado al IMAC a una reducción permanente de sus recursos y autonomía, con el beneplácito de cuatro consejeros ciudadanos -que a pesar de su buena voluntad no conocen cómo funcionan las cosas del arte y la cultura en Tijuana, ni mucho menos conocen a los creadores- y por otro lado, con la complicidad de un Regidor Presidente de la Comisión de Cultura y Bibliotecas que no ha hecho nada por mejorar las condiciones del IMAC en el Cabildo y que se ha caracterizado en los últimos meses, por estar muy ocupado cambiando de vocación política y en el ejercicio de olvidar a quienes con su voto lo llevaron a donde ahora se encuentra.

Y no hay que perder de vista que quien parecía poseer la “receta” para mejorar la ciudad, no se ocupó en ningún momento de hacer alguna declaración o propuesta en firme ( a pesar de contar con un medio de difusión permanente en los diarios –entiéndase la hoja de “la receta”) de cómo trabajar por el desarrollo cultural de Tijuana.

Tal vez en las próximas semanas habremos de ver más expresiones como esta, en las que personajes como Javier Bátiz (no precisamente conocido por su participación en foros, debates o argumentaciones sobre el desarrollo cultural), Alejandro Keys, Juan Zúñiga o Guillermo Castaño alzan su enérgica voz defendiendo sus derechos ciudadanos; lo que realmente sería extraordinario sería verlos en una Junta del Copladem, en un Foro de análisis, en un esfuerzo crítico del sistema que ha reducido las capacidades y las atribuciones de nuestra institución de cultura municipal, o lanzando una propuesta de cómo mejorar las condiciones culturales en la ciudad.

Celebro la energía de los que durante mucho tiempo se han reconcentrado en el ejercicio de su propia creación sin el menor interés por aportar algo a la comunidad cultural en su conjunto (que no sea su propia obra) y que ahora se revelan como nuevos defensores de la legalidad, la justicia y el derecho ciudadano.
Ojalá esa energía les permita en lo próximo, vincularse también con otras causas importantes como la defensa real del patrimonio cultural, el rescate de nuestras tres instituciones de cultura –secuestradas por las formas del centralismo, la distribución desigual de los recursos y la indiferencia hacia ciertos sectores de la comunidad artística y cultural-, pero sobre todo, por la causa más importante en este momento histórico: Tijuana.

Este 5 de agosto cada cual asumirá la responsabilidad de su sufragio, cada cual (idealmente) actuará en consecuencia a una reflexión personal sobre lo que juzgue mejor para los tijuanenses y los bajacalifornianos, pero más allá de las posturas personales, los lazos laborales, fraternales o las deudas, cada cual deberá tener presente que estaremos eligiendo el destino de esta ciudad a la que nos debemos y pertenecemos.

domingo, 10 de junio de 2007

El Patrimonio Cultural: Un asunto de Deber o Poder




*Publicada en Suplemento Identidad. Periódico El Mexicano.
Por Vianka R. Santana
Queda claro que la tan celebrada “alternancia” del sexenio pasado, no fue sino el refrendo del neoliberalismo y las políticas públicas de “marketing” que acabaron de poner en venta lo poco que había logrado salvarse de las administraciones priístas.

No solo fue castigado una vez más el sector cultural y educativo, sirviendo de botín para los que en vez de instrumentar proyectos para la nueva creación de escuelas en las comunidades rurales, se llenaron los bolsillos mientras con la otra mano repartían las “migas” hechas bicicletas en la tan sospechosa fundación “Vamos México”, o con la instalación de la “Enciclomedia” que priorizaron la adquisición de equipos (que aun ahora los docentes, siguen recibiendo talleres para aprender a utilizarlos) por sobre las necesidades de infraestructura, recursos elementales de aprovisionamiento y desde luego, la desatención total a la urgencia de crear un subsistema de enseñanza indígena.

Además de todo esto -y como la cereza del pastel-, las zonas declaradas patrimoniales, así como aquellas que habían sido inventariadas por el INAH por contar con vestigios arqueológicos, también se pusieron en sobre la mesa, a la espera del mejor comprador.
De ahí que los empresarios iraníes pudieran realizar un Rally en Montes Azules durante el periodo Foxista, o que el reconocido –y ahora fallecido- cacique yucateco Fernando Barbachano Peón, tuviera a bien reclamar en carta pública al entonces gobernador del Estado, su derecho “legítimo” a ingresar cuanta persona le fuera conveniente (sin pago alguno) por entrar a la zona arqueológica de El Castillo de Chichenitzá que “casualmente” le pertenece. Esto, en aquel grotesco comunicado donde literalmente decía y “te exhorto para que des las instrucciones pertinentes, a fin de que empleados de tu gobierno dejen de impedir al suscrito y a las personas que designe el libre acceso a los terrenos de mi propiedad”.

Situación a la que desde luego habría que sumarle otras zonas del país, otros caciques y otros empresarios mexicanos dispuestos a negociar hasta el último acre de nuestras reservas patrimoniales, en aras desde luego de la modernización, el desarrollo sustentable, los proyectos ecoturísticos, y la desmantelación del patrimonio nacional.

Por lo que tal vez citar Punta Colonet, la Escalera Naútica, los condominios de Donald Triumph, o la instalación de la planta regasificadora de Sempra donde la alerta lanzada el año pasado por Greenpeace, explica que “una explosión en los tanques de almacenamiento equivaldría a la detonación de 250 toneladas de TNT”. Desde luego sería ocioso dudar de la probidad de nuestras diligentes autoridades que participaron y participan de esto, y mucho menos creer que entre los inversionistas están nuestros respetados empresarios locales azul-rojos. Claro, no hay razones para dudar, cuando los hechos hablan tan claramente…

Lo más grave de todo esto, no solo es la indiferencia de la sociedad civil y su escasa participación social, ni siquiera la indiferencia sobre estos temas tan importantes para el futuro del Estado por parte de las Comisiones de Patrimonio Cultural (integradas en su mayoría por ciudadanos y representantes de instituciones), sino la asociación “sospechosa” de las autoridades del INAH, ante situaciones que claramente son una atropello a los derechos (ya no solamente culturales) sino constitucionales.

Tal parece que nuestras zonas patrimoniales arqueológicas, están puestas en la mira para ser convertidas en lujosos centros de diversión y recreación, para el disfrute -desde luego- de aquellos sectores con un alto poder adquisitivo (osea como el 20% de la población solamente) y de los extranjeros.

Y es que de no resolver a tiempo y de manera enérgica la situación que priva en la zona de Chichenitzá y las comunidades aledañas, el gobierno estará
enviando un mensaje equivocado a la inversión extranjera, y a la propia sociedad mexicana; violentando principios elementales cuyas lesiones no solo serán de tipo patrimonial, sino de graves consecuencias culturales e históricas. Es decir, si ya no tenemos respeto o aprecio por nuestras raíces, entonces, clara y abiertamente estaremos haciendo de nuestra riqueza y diversidad cultural, un mercado.

Mientras los legisladores no se ocupen de retomar la Carta Magna y ejercer el encargo institucional que el pueblo les dio al otorgarles el voto que los llevó a donde están, caciques de toda índole y procedencia partidaria, seguirán echando mano de las reservas nacionales, como hasta ahora ha venido sucediendo.

Sin embargo, aquí también los titulares de CONACULTA, el INAH , el Presidente del Consejo Mexicano de Promoción Turística, y desde luego los gobernantes, deben asumir una postura clara y definida en torno a las licitaciones, concesiones y resguardo de terrenos patrimoniales y aledaños.

Es vergonzoso que desde 2003 los indígenas que viven en las zonas circunvecinas a Chichenitzá, han estado denunciando sin respuesta alguna, sobre los atropellos por parte de los inversionistas que han comprado –obligado a vender- en vergonzosos cinco y diez centavos el metro de tierra, para levantar lo que hoy anuncian como una de las nuevas siete maravillas del mundo, a través del alquiler de sus lujosos complejos turísticos “con acceso propio a las ruinas del El Castillo”.

Sin embargo, hay un asunto que llama poderosamente la atención, y es una denuncia publicada a la par de un Manifiesto hechos por los indígenas de la zona en octubre de 2006, donde declaran que elementos de la PFP enviados por el propio INAH, así como policías pertenecientes al municipio de Tinúm, les impedían el paso a la zona arqueológica –como medida de protección a los empresarios en cuestión-, siendo que históricamente ha sido su centro de actividad y trabajo.

Por esas mismas fechas, solicitaban la expropiación de 796 hectáreas a la familia Barbachano, quienes a su vez compraron el predio (incluida pirámide) a un norteamericano, al que la Suprema Corte de Justicia de la Nación había dado fallo a favor en 1945 sobre la disputa de la propiedad por una expropiación que había tenido lugar en 1926 por un mexicano (que no el gobierno), quien a su vez en 1895 había comprado “legalmente” las tierras por la cantidad de 75 dólares.


Así pues, parece que desde el sexenio pasado se venía perfilando la PFP y el ejército, como el instrumento para contener lo incontenible, como el vehículo de intimidación, del que ya también en su momento hizo recurso Sergio Vela contra las manifestaciones de los empleados del INAH, el INBA, y el CONACULTA, mismo que ahora por instrucción presidencial patrullan las calles del país.

En los primeros días de esta administración federal, fuimos testigos de un incremento sustantivo del 50% a los sueldos de los empleados de la SEDENA, así como de un aumento inédito en el presupuesto, y ya esta semana, insatisfechos a la vuelta de 5 meses de habérseles dado una encomiendo en las calles, exigían nuevas prerrogativas económicas y laborales. Habría entonces que tener presente –sobre todo los defensores a ultranza del llamado “operativo”, que en lo que va del año se han registrado 1300 ejecuciones, y aun no sabemos si ya desarticularon al menos alguno de los cárteles.

El asunto no es haber sacado al ejército a realizar labores que no les corresponden constitucionalmente, el asunto no es apostarlos sobre avenidas como la entrada a Playas de Tijuana, cuando la población puede acceder fácilmente por al menos otras dos vías; el asunto y el problema, va a ser regresarlos al cuartel.

Tal parece que en estos tiempos de tanta descomposición, los ciudadanos son rehenes de bandos que se disputan las ciudades. Y cuando digo “bandos” no solo me refiero a los muy bien organizados criminales, sino a todos aquellos que están a la espera de estar en posición para seguir comprando y revendiendo nuestro cada vez más escaso patrimonio.

Estamos en pleno arranque de las campañas por la gubernatura, las presidencias municipales, las diputaciones y las representaciones ante los cabildos, y tal parece que el asunto es: quién tira más dinero y pega más publicidad, y no, a quién le importa el destino de Baja California, o quién pone una propuesta razonada sobre la mesa.

Y así, justamente así, entre la diatriba interminable entre el Deber y el Poder,
nos hemos ido deshaciendo del patrimonio cultural y lo que nos queda… quién sabe cuánto nos dure.

miércoles, 16 de mayo de 2007

De Regidores, Funcionarios y Consejeros Ciudadanos


-las tareas inconclusas-
*Nota Publicada por Seuplemento Identidad de El Mexicano





por Vianka R. Santana
derechocultural@yahoo.com.mx

Hace apenas dos semanas y con lujo de rueda de prensa el Regidor Carlos Mejía, presidente (aun) de la Comisión de Cultura y Bibliotecas ante la junta de gobierno del Instituto Municipal de Arte y Cultura IMAC, presentó renuncia a su partido de procedencia (PRD) para declararse público simpatizante del proyecto del candidato a la alcaldía por el Partido Revolucionario Institucional.

Si bien en tiempos electorales no sorprende ya el desplazamiento y reacomodo de aquellos que aspirando a cargos de elección popular, se adhieren a las siglas que les ofrecen mejor promesa de ganancia, tampoco sorprende que los que ya estén en funciones en la administración presente, intenten asegurarse un escritorio por otros tres años.

Sin embargo, el hecho de que un regidor que ha asumido la responsabilidad de velar por las mejores condiciones para el desarrollo cultural de la ciudad, defienda públicamente más presencia militar con la vehemencia con que no ha defendido el presupuesto del IMAC, y que además se ausente de manera reiterada de las reuniones del COPLADEM, para luego encausar su energía a un proyecto que parece haberlo seducido ( más que la cultura ), es de alguna suerte un insulto para la comunidad cultural que ha estado esperando que el IMAC cuente con una mayor inversión tanto para operatividad como para infraestructura.

Tal parece que ni funcionarios ni gobierno, advierten la importancia de los espacios que ha nivel nacional e internacional han ganado los artistas y creadores Tijuanenses, espacios que además han sido producto de la autogestión, de la promoción cultural independiente, y de la sobrevivencia de un sector que persiste en su entrega y búsqueda estética, a pesar del nivel de funcionarios sin visión con que en muchos de los casos cuenta la ciudad en materia de administración pública de la cultura.

Y es muy seguramente esa falta de visión, de diálogo y de integración entre instituciones y comunidad, lo que cada día complica aun más las condiciones para un verdadero desarrollo cultural, ya que el desarrollo cultural no solo tiene que ver con la creación de nuevos y equipados edificios, en esencia tiene que ver con una voluntad política expresada a través de procesos de gestión, promoción y difusión en primera instancia del arte y la cultura local.

De esta manera, con un Palacio de la Cultura no resolvemos las necesidades, si no hay detrás un importante presupuesto para contratar el personal suficiente y calificado para dar vida y sentido a los espacios de galería, archivo histórico y de servicios bibliotecarios. No basta con una promesa de Galería Internacional, si no cambian la óptica institucional con respecto a brindar más espacios a los creadores de las artes visuales, en un ejercicio plural donde todas las corrientes y todas las visiones tengan oportunidad, y no solo aquellas que sean afines a los intereses o preferencias de las administraciones en turno.

Creo que como ciudadanos y como miembros activos de la comunidad cultural, hemos descuidado nuestros escasos espacios para la participación ciudadana. Nos hemos dejado arrebatar de la forma más cínica y arbitraria los cuatro lugares para participar creativa y propositivamente en la junta de gobierno del IMAC, y hemos permitido que cuatro personas que a pesar de su buena voluntad, desconocen no solo la problemática cultural de la ciudad, sino que también desconocen a los creadores. Pero no hay que olvidar que el compromiso de Consejero Ciudadano es una responsabilidad y un privilegio, por lo que es absolutamente reprobable que artistas como Guillermo Castaño (que fue designado Consejero ciudadano), no se presente a ninguna reunión de COPLADEM, así como no se presenta habitualmente a ninguna actividad cultural ( al menos no a las que carecen del atractivo de contar con la presencia del alcalde ) .

Estamos llegando a un punto tal de descomposición en la Junta de Gobierno del IMAC, que necesariamente obliga a la reflexión y la búsqueda de alternativas. De nada sirve que la comunidad cultural se queje de la falta de recursos, de convocatorias o de infraestructura, si por otro lado, no hace nada por participar, recuperar y demandar la inversión y la acción elemental de los gobiernos. O si se limita a ser comparsa de funcionarios que buscan desesperadamente legitimarse a través de pequeñas concesiones y apoyos a creadores simpatizantes.

Estamos definitivamente en un momento coyuntural donde vendrán de todas partes a manos llenas las promesas, y en el que necesariamente habremos de revisar en lo personal y en lo privado el sentido de nuestro voto.
Recordar que las tareas asumidas por Consejeros Ciudadanos, Regidores, Alcaldes y Funcionarios, aun están inconclusas.

Seguramente en lo próximos meses se pondrán sobre la mesa de los debates temas como la seguridad pública, por lo que sería prudente recordar que aquellos gobiernos que han invertido en educación y en cultura han logrado abatir no solo los índices de delincuencia e inseguridad, sino que han reforzado su economía.

La educación y la cultura son elementos sin los cuales no puede concebirse el desarrollo de una comunidad. No basta con pavimentar, ofertar mecanismos de protección civil o prometer “manos duras” contra la delincuencia y el narcotráfico.
Lo que se necesita es una política pública incluyente, funcionarios comprometidos con la ciudad y no con sus proyectos personales, pero sobre todo; se necesita incorporar la cultura en la agenda pública de una manera transversal e irradiarla hacia todos los sectores y niveles de la sociedad.

sábado, 21 de abril de 2007

Tijuana en el Festival de las Artes de Naucalpan

-una política municipal sin precedentes-
*Publicada en Suplemento Identidad, periódico El Mexicano
*Imágen: Ballena de Jonás

por Vianka R. Santana
derechocultural@yahoo.com.mx

El magnífico auditorio al aire libre Felipe Villanueva fue el escenario para el acto inaugural del Festival Internacional de las Artes de Naucalpan de Juárez, Estado de México. Alrededor de mil quinientas personas, fuimos testigos de un acontecimiento artístico de gran nivel al presenciar el concierto de la Camerata local, -que reforzada con un excelente coro y con las voces privilegiadas de una Soprano, una Mezzosoprano y un tenor, bajo la batuta del maestro Ramón Romo Lizárraga-, interpretaron escenas de Opera, pero también; tuvimos la oportunidad de escuchar (como pocas veces sucede) a un alcalde hablando de la importancia del arte y la cultura.

Así, ante una audiencia que se mostraba atenta, el Ing. José Luis Durán Reveles, -alcalde que solo lleva seis meses en el cargo- sorprendió a todos con un discurso donde evidenció un genuino interés por apoyar el desarrollo artístico en su municipio, y una sensibilidad hacia los acontecimientos culturales.

Haciendo uso y recurso de la infraestructura municipal, el recientemente creado Instituto Municipal para la Cultura y las Artes de Naucalpan (IMCA) dirigido por el reconocido promotor cultural y especialista en temas de derecho a la cultura Mtro. Eduardo Leaman Rivas, inició los trabajos de su Primer Festival de las Artes cediendo a Tijuana una atención especial, dedicándole el espacio para la plástica con la Exposición Colectiva “Tres Visiones Tijuanenses”.

La Colectiva se integró con la obra fotográfica de Mario Castillo “Luces de la Creación”(26 piezas), los lienzos de Franco Méndez Calvillo “Allium Sativum” (9 piezas de gran formato) y la obra escultórica de Ricardo Graciano “Anima Atémpore” (10 piezas de terracotta moldeadas a mano); de esta forma el Centro Cultural Ágora del Parque Naucalli, se convirtió temporalmente en un espacio dedicado a Tijuana.

Aproximadamente quinientas personas y muchas otras que esperaban forma de ingresar al recinto, tuvieron la oportunidad de disfrutar la obra y conversar con los artistas, mientras el Ensamble de música (también Tijuanense) La Ballena de Jonás, hechizaba la atmósfera y a los presentes con su forma única de interpretar su concepto musical.

Por los grandes ventanales del Ágora, atisbaba el bosque una noche cálida donde Tijuana era anfitrión, donde las configuraciones estéticas, la música y la palabra de nuestros creadores (presentes también a través de los 21 textos de los 21 escritores y de las imágenes que acompañaban la obra de Castillo) daban testimonio de la otra Tijuana, la Tijuana de Vizcaíno, la que se rebela ante toda leyenda oscura, violenta o corruptible; la Tijuana del Arte.

Y cabe mencionar que Tijuanenses radicados o que circunstancialmente estaban por la ciudad, fueron a brindar su presencia y apoyo a nuestros artistas, por lo que fue muy grato saludar a los promotores culturales Alex Zúñiga del proyecto Multikulti, a Guadalupe Rivemar, a Bárbara García, y hasta un discípulo del maestro Juan Zúñiga.

El 18 de abril dio inicio un Festival que necesariamente es motivo de reflexión para los que nos sentimos comprometidos con el desarrollo y la promoción cultural, pero sobre todo, para los que hemos participado de los desencuentros con las autoridades municipales que en las últimas dos administraciones han cerrado sus oídos a la comunidad cultural, perdiendo la brújula y el vínculo con los artistas y creadores.

El Festival de las Artes de Naucalpan es un ejemplo de lo que puede realizarse cuando existe concilio entre los diferentes sectores que integran un municipio, pero sobre todo, cuando un alcalde y un responsable de la cultura municipal conocen perfectamente la dimensión de su encargo institucional, y saben que el arte y la cultura son el eje y basamento de todo tejido y construcción social.

Como promotora y artista, me sorprendió el hecho de ver el ejercicio interinstitucional que realizaba el municipio de Naucalpan de Juárez para brindar todas las condiciones necesarias y coadyuvantes al proceso del festival, es decir, la interacción visiblemente coordinada de cuerpos de seguridad, de personal de parques y jardines, de comunicación social, de los miembros del cabildo y desde luego del equipo de producción y del propio IMCA, que no solo hicieron presencia en el acto inaugural sino en casi todos los eventos posteriores.
Por lo que se volvió común ver en las butacas a regidores, jefes de oficina, funcionarios, políticos, empresarios, mezclados con estudiantes, amas de casa, personas de la tercera edad y turistas.
Público heterogéneo con el que coincidió en repetidas ocasiones un alcalde que parecía disfrutar no solo el acontecimiento artístico que tenía lugar sobre el escenario, sino el acontecimiento cultural del festival mismo, un alcalde que permaneció más de dos horas conviviendo en la Exposición Tijuanense y que en un momento determinado, se acercó y tocó un poco el piano para La Ballena de Jonás, en un acto que en sí mismo habla de su sensibilidad cultural.

El día de hoy el Colectivo de Música Electrónica y Multimedia denominado Tenogeist, será el evento de clausura, donde se espera la presencia de miles de jóvenes. Sin embargo, la diversidad de la programación y el nivel artístico de los participantes, no solo deja en un alto tono el nivel de este festival internacional, sino que lanza al aire la evidencia de lo que puede realizarse cuando se apuesta por una verdadera política cultural municipal incluyente.

Habría que observar que esto no es un asunto cuyo origen sea la denominación partidista de procedencia, sino la voluntad de ejercer plenamente un encargo político e institucional con estricto apego al sentido común, al sentido de un verdadero desarrollo, bajo la premisa de que un gobierno que invierte en el arte y la cultura, es necesariamente un gobierno que apuesta por la educación, por la seguridad, por las libertades y por un desarrollo sostenible.

En buena hora por un Festival como este, pero sobre todo, en buena hora por una política municipal que ve en el arte y la cultura, un destino y una responsabilidad histórica.

Tijuana en el Festival de las Artes de Naucalpan









-política municipal sin precedentes-



*publicada en Suplemento Identidad, Periódico El Mexicano
*Imágen: La Ballena de Jonás


por Vianka R. Santana
derechocultural@yahoo.com.mx
El magnífico auditorio al aire libre Felipe Villanueva fue el escenario para el acto inaugural del Festival Internacional de las Artes de Naucalpan de Juárez, Estado de México. Alrededor de mil quinientas personas, fuimos testigos de un acontecimiento artístico de gran nivel al presenciar el concierto de la Camerata local, -que reforzada con un excelente coro y con las voces privilegiadas de una Soprano, una Mezzosoprano y un tenor, bajo la batuta del maestro Ramón Romo Lizárraga-, interpretaron escenas de Opera, pero también; tuvimos la oportunidad de escuchar (como pocas veces sucede) a un alcalde hablando de la importancia del arte y la cultura.

Así, ante una audiencia que se mostraba atenta, el Ing. José Luis Durán Reveles, -alcalde que solo lleva seis meses en el cargo- sorprendió a todos con un discurso donde evidenció un genuino interés por apoyar el desarrollo artístico en su municipio, y una sensibilidad hacia los acontecimientos culturales.

Haciendo uso y recurso de la infraestructura municipal, el recientemente creado Instituto Municipal para la Cultura y las Artes de Naucalpan (IMCA) dirigido por el reconocido promotor cultural y especialista en temas de derecho a la cultura Mtro. Eduardo Leaman Rivas, inició los trabajos de su Primer Festival de las Artes cediendo a Tijuana una atención especial, dedicándole el espacio para la plástica con la Exposición Colectiva “Tres Visiones Tijuanenses”.

La Colectiva se integró con la obra fotográfica de Mario Castillo “Luces de la Creación”(26 piezas), los lienzos de Franco Méndez Calvillo “Allium Sativum” (9 piezas de gran formato) y la obra escultórica de Ricardo Graciano “Anima Atémpore” (10 piezas de terracotta moldeadas a mano); de esta forma el Centro Cultural Ágora del Parque Naucalli, se convirtió temporalmente en un espacio dedicado a Tijuana.

Aproximadamente quinientas personas y muchas otras que esperaban forma de ingresar al recinto, tuvieron la oportunidad de disfrutar la obra y conversar con los artistas, mientras el Ensamble de música (también Tijuanense) La Ballena de Jonás, hechizaba la atmósfera y a los presentes con su forma única de interpretar su concepto musical.

Por los grandes ventanales del Ágora, atisbaba el bosque una noche cálida donde Tijuana era anfitrión, donde las configuraciones estéticas, la música y la palabra de nuestros creadores (presentes también a través de los 21 textos de los 21 escritores y de las imágenes que acompañaban la obra de Castillo) daban testimonio de la otra Tijuana, la Tijuana de Vizcaíno, la que se rebela ante toda leyenda oscura, violenta o corruptible; la Tijuana del Arte.





Y cabe mencionar que Tijuanenses radicados o que circunstancialmente estaban por la ciudad, fueron a brindar su presencia y apoyo a nuestros artistas, por lo que fue muy grato saludar a los promotores culturales Alex Zúñiga del proyecto Multikulti, a Guadalupe Rivemar, a Bárbara García, y hasta un discípulo del maestro Juan Zúñiga.

El 18 de abril dio inicio un Festival que necesariamente es motivo de reflexión para los que nos sentimos comprometidos con el desarrollo y la promoción cultural, pero sobre todo, para los que hemos participado de los desencuentros con las autoridades municipales que en las últimas dos administraciones han cerrado sus oídos a la comunidad cultural, perdiendo la brújula y el vínculo con los artistas y creadores.

El Festival de las Artes de Naucalpan es un ejemplo de lo que puede realizarse cuando existe concilio entre los diferentes sectores que integran un municipio, pero sobre todo, cuando un alcalde y un responsable de la cultura municipal conocen perfectamente la dimensión de su encargo institucional, y saben que el arte y la cultura son el eje y basamento de todo tejido y construcción social.

Como promotora y artista, me sorprendió el hecho de ver el ejercicio interinstitucional que realizaba el municipio de Naucalpan de Juárez para brindar todas las condiciones necesarias y coadyuvantes al proceso del festival, es decir, la interacción visiblemente coordinada de cuerpos de seguridad, de personal de parques y jardines, de comunicación social, de los miembros del cabildo y desde luego del equipo de producción y del propio IMCA, que no solo hicieron presencia en el acto inaugural sino en casi todos los eventos posteriores.
Por lo que se volvió común ver en las butacas a regidores, jefes de oficina, funcionarios, políticos, empresarios, mezclados con estudiantes, amas de casa, personas de la tercera edad y turistas.
Público heterogéneo con el que coincidió en repetidas ocasiones un alcalde que parecía disfrutar no solo el acontecimiento artístico que tenía lugar sobre el escenario, sino el acontecimiento cultural del festival mismo, un alcalde que permaneció más de dos horas conviviendo en la Exposición Tijuanense y que en un momento determinado, se acercó y tocó un poco el piano para La Ballena de Jonás, en un acto que en sí mismo habla de su sensibilidad cultural.

El día de hoy el Colectivo de Música Electrónica y Multimedia denominado Tenogeist, será el evento de clausura, donde se espera la presencia de miles de jóvenes. Sin embargo, la diversidad de la programación y el nivel artístico de los participantes, no solo deja en un alto tono el nivel de este festival internacional, sino que lanza al aire la evidencia de lo que puede realizarse cuando se apuesta por una verdadera política cultural municipal incluyente.

Habría que observar que esto no es un asunto cuyo origen sea la denominación partidista de procedencia, sino la voluntad de ejercer plenamente un encargo político e institucional con estricto apego al sentido común, al sentido de un verdadero desarrollo, bajo la premisa de que un gobierno que invierte en el arte y la cultura, es necesariamente un gobierno que apuesta por la educación, por la seguridad, por las libertades y por un desarrollo sostenible.

En buena hora por un Festival como este, pero sobre todo, en buena hora por una política municipal que ve en el arte y la cultura, un destino y una responsabilidad histórica.

viernes, 23 de marzo de 2007

Legisladores, Sociedad Civil y Comunidad Cultural



-Fragmentos de todo y de nada-

*Publicada por Suplemento Identidad, Periódico El Mexicano.


por Vianka R. Santana
Derechocultural@yahoo.com.mx
El 21 de marzo inició la segunda edición de la Convención Nacional Democrática con la concurrencia de delegados de todos los municipios, comunidades y estados de la república. Una vez más, el brazo inconforme de la sociedad civil organizada, se reúne para discutir los temas que muchos de los legisladores, parecen haber excluído deliberadamente de la agenda nacional.

Evidentemente el diálogo parlamentario no ha logrado concilio en torno al asunto del compromiso social, por lo que una vez más, los mexicanos recibimos la noticia de una nueva modificación de ley, en este caso la del ISSSTE, que gracias en buena medida al movimiento de las fuerzas de la Capitana Gordillo que logró una vez más aliarse al segmento más corrompido del priísmo, consiguió una rápida aprobación aun con el voto en contra de los legisladores de la izquierda, (reentiéndase “izquierda” por los legisladores del Frente Amplio Progresista, ya que la proclamada izquierda de Alternativa Social ha mostrado con rapidez su capacidad empática con AN y el PRI. De modo que gracias al voto de 333 legisladores y a pesar de los 146 votos en contra, Elba Esther tiene una nueva prerrogativa ante el denominado Pensionissste, que manejará el recurso de las “afores”. Así, al día de hoy los tiempos para pensionarse y las condiciones, dejarán en una cada vez más vulnerable situación a los trabajadores que hoy gozan de esta cobertura social -que dicho sea de paso- debiera ser otorgada a todos los mexicanos de conformidad al derecho internacional y los compromisos adquiridos por México desde 1966, al suscribir el Pacto Internacional de los Derechos Económicos Sociales y Culturales.

Sin embargo los nuevos sujetos de la política nacional, las organizaciones no gubernamentales, así como los individuos preocupados y ocupados en proponer nuevas rutas de análisis y trabajo legislativo, se dieron cita para abordar temas sustantivos en el marco de la legitimidad que les confiere su derecho constitucional a participar de la construcción de las políticas públicas.

Pero tal parece que las sorpresas serán un recurso común en la lógica de este sexenio. Por estos mismos días somos espectadores de una desatada y febril guerra entre los ultra conservadores que defienden el derecho a la vida y se oponen furiosamente a la despenalización del aborto en el Distrito Federal (olvidando el alto índice de violaciones, violencia doméstica y adicciones), mientras en el lado opuesto de la imagen, mujeres, y organizaciones independientes, manifiestan su respaldo al tema que se debate en la Asamblea Legislativa. Fuerzas antagónicas confrontadas de manera abierta, y para mediar las aguas, las declaraciones poco afortunadas (podrían ser de otra forma?) del jefe del Ejecutivo, quien abiertamente toma partido en el tema. Luego entonces, la balanza de la sensibilidad social, nuevamente se inclina por el peso de los intereses y los compromisos políticos adquiridos en tiempos de campaña.

Pero Baja California no está exenta de novedades, con pequeñas gotas de tendencioso manejo informativo, los tijuanenses estamos siendo prevenidos – o avisados- sobre los cambios factibles en torno al tema del agua. Así, de una nota sugerente de una posible distribución en “tandeos” es decir, racionada en 8 horas de servicio por 24 que tiene un día, pasamos a la noticia del expreso interés de inversionistas extranjeros en adquirir la franquicia (si puede así decírsele) de una privatización que parece de pronto aparecer en la agenda local.

Y aunque pareciera que las modificaciones a una ley de pensiones o una posible privatización no inciden directamente en el tema de la cultura, habría que recordar que ésta es la columna vertebral de toda construcción social. Es la cultura una síntesis de todos los procesos con que nos expresamos e interrelacionamos, es el lenguaje manifiesto de las relaciones de poder que se dan entre gobierno y ciudadanía, y es también la manifestación ciudadana pasiva o activa ante los sucesos cotidianos.

De esta suerte y en este orden de ideas, el devenir de la cultura suele estar sujeto al azar de las contradicciones políticas, donde comúnmente el acontecimiento artístico y cultural es visto por los gobiernos como un tema secundario, aleatorio, pero no lo suficientemente decisivo como para incluirlo en la agenda legislativa con toda la importancia que tiene.

Tal vez por eso cuando escuchamos que una nueva ley de pensiones afectará a los trabajadores, el artista (ya sea creador o ejecutante) se siente ajeno al tema, acaso porque se le ha olvidado o no sabe que tiene derecho a cobertura social es decir, a vivienda y a salud, o tal vez, porque la intermitencia de sus compromisos laborales le ha hecho pensar que no tiene derecho a ello. Pero habría que recordar que un artista es igualmente sujeto de derecho que cualquier otro ciudadano, el asunto es que pareciera que a buena parte de la comunidad cultural no le interesara involucrarse en los temas políticos –olvidando acaso que el arte lleva implícita siempre una postura política del ciudadano que la crea o la articula-.

Los tiempos parecen exigir cada vez más de la atención de los creadores a temas que en apariencia se salen de la lógica del arte y de los territorios de la sensibilidad, ya que el creador posee precisamente una capacidad especial para decantar los acontecimientos y sublimarlos, reflexionarlos o transferirlos a niveles de abstracción o configuración estética.

Por ello, la necesidad de una participación crítica y activa de los intelectuales y los artistas es crucial, ahora, en este tiempo en que las decisiones que nos afectarán los próximos decenios están en el aire, dispersas, como lanzados bolos en manos de un aprendiz de prestidigitador.

Así como Tijuana cada día se dibuja como un epicentro artístico, con ello viene la exigencia de una comunidad cultural dispuesta ha asumir el nuevo reto: estar al tanto. Ya que mientras los creadores sigan invistiendo de una autoridad incuestionable a todos aquellos funcionarios públicos cuyo encargo es la difusión y la promoción de la cultura, seguiremos abonando al centralismo, al fortalecimiento de los pequeños cotos de poder y al uso discrecional de los recursos.

Mientras los artistas se sigan conformando con hacer y deshacer el futuro cultural de Tijuana en las mesas de discusión habituales en los Samborns, sin acercarse al escrutinio real y sin manifestar abiertamente sus inconformidades así como su reconocimiento; seguiremos contando con funcionarios distantes y recluídos en el regodeo acrítico de sí mismos.

La participación social no es competencia exclusiva de las organizaciones no gubernamentales, las asociaciones civiles o los colectivos estructurados. La participación social si bien es un derecho también es un compromiso y una responsabilidad individual implícita en todo quehacer social donde el arte no es ni puede ser un ámbito aparte.

Cada día tenemos una nueva oportunidad de sorprendernos con las decisiones institucionales, ahora sabemos que se puede ser juez y parte es decir, asesor y beneficiario de un comité teatral –que no honorario- que decide el destino de los recursos de lo que antes fuera CAEN y participa celebratoriamente de una nueva estructura que define en cierto modo el destino de la comunidad teatral.

Cada día tenemos más de un motivo para reflexionar sobre la condición del artista, para detenernos sin asombro en acontecimientos como aquel del fallido intento de reventar una Muestra Nacional de Teatro –porque no fueron incluidos en la agenda- y que ahora sean justamente los llamados por la instancia (entonces, agresora?) a ser parte activa de una nueva estrategia institucional como directores y productores de escena.

Cada día, hay más de una oportunidad para constatar que mientras sigamos cruzados de brazos, habrá muchos otros que estén dispuestos a entrar al juego de las complicidades con que las instituciones más tarde nustificarán su encargo. Y entonces, seguiremos viendo los mismos rostros cada año en la entrega de las becas estatales, asistiremos a la centésima publicación editorial del mismo autor, y aplaudiremos a los miembros de los consejos consultivos que se pasearán en los cervantinos y publicarán, expondrán, viajarán al extranjero y accederán a nuevos espacios, gracias a la contemplación pasiva de los que optaron por quedarse en el café reconstruyendo imaginariamente el mundo, mientras otros se montaban sobre él.

Sirva la anterior reflexión –que sin ánimo de ofensa alguna- busca recordar amablemente a los compañeros de la comunidad creativa y creadora de Tijuana, lo valioso e importante que sería, que en algún momento dejarán de mirar tanto hacia dentro y expresaran abiertamente su valioso punto de vista.

viernes, 16 de marzo de 2007

De megalomanía, megaproyectos y megabibliotecas













-las herencias del centralismo-
*Nota Publicada por Suplemento Identidad de El Mexicano






por Vianka R. Santana
derechocultural@yahoo.com.mx

Tal parece que las erráticas políticas públicas proclives al centralismo que encontraron mayor resonancia durante el periodo de Fox, finalmente le dan la razón a los críticos y la sociedad civil que en su momento se manifestaron contra los megaproyectos de la denominada “alternancia”.

Con la característica megalomanía y falta de sensibilidad social que le caracterizó, dio entrada a proyectos que por su sola naturaleza violentaban cuestiones patrimoniales y de cobertura social, en una evidente confusión entre el significado antagónico entre cobertura de los derechos y asistencialismo.

Siguiendo la gastada premisa neoliberal, el sexenio anterior avaló un ejercicio de recursos centralizado, donde las prioridades aparentes, respondieron al final de cuentas, al empeño de mantener (pese a todo) la continuidad de un poder que pudiendo ser legítimo, acabó deslegitimándose en su persistente ejercicio despótico y cínicamente antidemocrático.

Tras el señuelo de los grandes cambios y un discurso populista al estilo Coca Cola Company, la iniciativa privada, los intereses extranjeros y la rapiña oficial, coincidieron en la urgencia de activar negocios emergentes que a la vuelta de seis años (o menos), confirmarían lo que era obvio desde entonces: la falta de compromiso con el pueblo mexicano.

Así, siguiendo esta lógica y sin mayor diagnóstico o interés real por subsanar de fondo los problemas de la miseria y la vulnerabilidad social, se activaron megaproyectos desde el Istmo hasta la Península de Baja California, de tal suerte que capitales como el de Sempra, Shell, Maratón Oil, etc, pudieron acceder a territorios clasificados desde 1991 por el INAH como sitios arqueológicos, para articular su proyecto de regasificadora a solo 22 kilómetros de Ensenada. De igual manera a inicios del periodo anterior, 38 iraníes con el aval federal y montados en sus unidades patrocinadas por la General Motors, pudieron llevar a cabo un rally eco turístico en la reserva de la Biosfera de Montes Azules Chiapas, donde los agobiados tzotziles han dado en denominar con el apelativo de una deidad oscura (Pukuj), a los extranjeros y recurrentes saqueadores de la biodiversidad de la zona.

Sin embargo, tal parece que todo el territorio nacional ha sido la oca sobre la cual arrojan los dados los dueños de los monopolios de México. La escalera naútica, proyecto de ecoturismo y resorts para la península, ha no solo encarecido la tierra, sino que representa un atentado contra zonas patrimoniales, además de contradecir el proyecto (igualmente lesivo) de las plantas industriales, lo que muestra que el único proyecto real y articulado que subyace es el dinero.

Durante seis años debimos acostumbrarnos a las grandes ocurrencias contradictorias, leímos a ocho columnas “México: hacia un país de lectores”, y después tuvimos que admitir que seguíamos entre los últimos de la lista, mientras incrementaban el precio al libro, y comprobábamos que para la pareja presidencial daba lo mismo en literatura Borges que el Dalai Lama.

Supimos de la negligencia y la corrupción en los procesos de verificación de condiciones laborales en las minas, y asistimos al duelo permanente de ciudad Juárez, y no sonreímos ante las cortinas de humo como el repentino arresto domiciliario de Echeverría, ni nos convencieron que de que era mejor darles bicicletas a los niños para que atravesaran la montaña en vez de ponerles escuelas en sus comunidades. Y ni todas las primarias tuvieron luz, mucho menos computadoras, y la Enciclopedia (aun después de seis años) siguen en su mayoría los maestros sin saber cómo usarla.

Aceptamos con resignación (porque no había forma de cambiar las cosas) la presencia de Sari Bermudez en CONACULTA y el consecuente reparto de cuotas de campaña en las demás instancias de cultura. Y mientras la “viajera frecuente” jugaba su rol en la comedia de enredos del sexenio, fuimos testigos de proyectos que no tenían mayor motivación, que la de conseguir un impacto mediático.

En consecuencia, la inauguración de la Megabiblioteca José Vasconcelos – en la que por cierto ese día afuera se manifestaba la sociedad contra los sucesos de Atenco-, mientras que dentro y en la notoria ausencia deliberada de los intelectuales significativos del país, Fox se llenaba la boca con aquello de que “mientras más se conozca, más dará de qué hablar a nivel mundial”.
Y así fue, a menos de un año de haberse abierto al público, se anuncia que debido a su enorme vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos y sus defectos notables en la estructura (baños, ascensores, así como instalaciones eléctricas sin terminar), será cerrada temporalmente a partir de hoy 18 de marzo, no habiendo aun fecha tentativa de reapertura.
Y con destino semejante el megaproyecto del Centro Nacional para el Desarrollo de Talentos y Alto Rendimiento, inaugurado apenas el 28 de noviembre, y que en enero ya presentaba visibles fallas en su estructura.

Todo ello nos remite a una obligada pregunta: Qué otro megaproyecto expondrá sus grietas y fracturas este año?. Tal parece que el destino de los proyectos emergentes, es lograr sobrevivir al efímero instante de la autocongratulación gubernamental.

De esta forma, lo que se vio como un intento forzado por hacer de Fox un paladín de la cultura y un estratega de los megaproyectos, terminó siendo una broma de mal gusto, como lo son todavía hoy sus arrebatos de honestidad (llámese cinismo) ante el público internacional que por alguna misteriosa e inexplicable razón acude a sus conferencias en el extranjero.

Sin embargo el cuento desafortunadamente no ha concluido, y no podremos cerrar gustosos el libro pensando que los mexicanos “vivieron felices para siempre”.
De modo que existe un segundo capítulo -que bien podría denominarse “la fuerza del poder reiterado y el dinero”-. Parece que tenemos historia para rato, y aunque seguramente se avecinan aventuras por sorprendernos, ya tenemos clara la lista del reparto.

Finalmente, mientras las compañías de telefonía, servicios televisivos y conexión inalámbrica se arrebatan las migas en el intento desesperado de gozar de las bondades del “triple play” (otorgadas por obra y gracia de las reformas a la Ley de Radio y Televisión), los dueños del duopolio disfrutan de los dividendos que su aportación a las campañas sucias les dejaron.

Todavía no sabemos si habremos de seguir contando con ese toque de humor presidencial al que nos habían acostumbrado, lo que queda muy claro, es que hay una importante distancia entre las cosas del arte y la cultura, con respecto a la lógica castrense con que parecen querer echar a andar las cosas.

Habrá que ver cómo seguirán evolucionando los megaproyectos, mientras reparan los edificios y la credibilidad maltrecha que nos resta.


Tiempo de elecciones en Baja California, está por empezar el juego de los spots, la guerra televisiva, las descalificaciones y la compra-venta de simpatizantes. Habrá que ver a qué nuevos escenarios nos puede conducir el asombro… si es que aun puede asombrarnos algo.